¿Cómo se hace el vino blanco?

El vino blanco parece tener cada vez más público y aunque aún esté lejos de la potencia del vino tinto, hoy hablaremos de cómo se elabora el vino blanco.

La elaboración del vino blanco comienza cuando se prensa de forma inmediata a su llegada a la bodega. A diferencia del vino tinto, con el vino blanco no hay maceración. La crianza del vino blanco puede hacer de dos formas dependiendo del tipo de vino blanco. Por un lado tenemos la crianza en cuba, en la que suelen predominar vinos blancos secos y jóvenes. La otra opción consiste en crianza en barrica, destinada a los vinos blancos potentes y destinados a envejecer.

Tras el despalillado habitual, la uva se prensa para separar el mosto de los hollejos. Una vez recogido el mosto, se pone en la cuba cayendo las partículas al fondo para obtener vinos más finos. Posteriormente, las levaduras transforman el azúcar en alcohol. Este proceso de fermentación dura unos diez días aproximadamente.

Ahora el proceso puede coger dos caminos. Si la técnica de elaboración es para un vino blanco joven, el vino se pasará a una cuba donde reposará unas semanas para estabilizarse. Si la elaboración es para un vino blanco envejecido, el vino se introduce en la barrica. Así, la segunda fermentación dará redondez y untuosidad al vino. Durante la crianza del vino blanco potente, que dura varios meses, se mueve el vino con una varilla para poner las lías en suspensión y añadir más untuosidad al vino.

Para finalizar la elaboración de ambos tipos de vino blanco, el proceso es igual en ambos. Es recomendable añadir un poco de azufre, en forma de sulfitos, para proteger correctamente al vino del oxígeno. Dependiendo de las regiones, las variedades vinificadas pueden ensamblarse. 

Por último, se embotellará el vino, cerrándose con la ayuda de un tapón o de una cápsula. No obstante, aún puede dejarse envejecer en botella o ser puesto a la venta.

Y ahora, ¿te apetece un buen vino blanco?

¡VISITA NUESTRA TIENDA!

También te puede interesar