Casi nadie abre una botella de champagne a solas. Se abre cuando llega alguien, cuando hay algo que contar o cuando, simplemente, apetece que la noche sea un poco distinta. El champagne es, sobre todo, una excusa para compartir.
Y de todo lo que pasa alrededor de esa botella, lo único que queda al día siguiente es el corcho.
Lo que cabe en un corcho
Seguro que conoces a alguien que guarda corchos en un cajón, en un tarro de cristal o en una estantería. Algunos llevan una fecha escrita con rotulador. Otros, un nombre o una palabra que solo entiende quien estaba allí. Ninguno vale nada por sí mismo, y sin embargo nadie los tira.
Porque un corcho no recuerda el vino. Recuerda la mesa: con quién estabas, de qué os reísteis, qué celebrabais o qué no hacía falta celebrar.
Qué significa para nosotros guardar el corcho
Guarda El Corcho es una invitación a eso. A no esperar a la ocasión perfecta para abrir una buena botella, porque la ocasión la hace la gente con la que la abres. A darle importancia a los momentos pequeños, que suelen ser los que más se recuerdan. Y a quedarte con algo de cada uno.
No se trata de guardar la botella para otro día. Se trata de abrirla hoy y guardar el corcho.
Compartir también es contar
Compartir una botella no es solo servir copas. Es contar de dónde viene: el pueblo, la familia que la hizo, por qué esa parcela da un vino distinto al de la de al lado. Por eso trabajamos con vignerons, pequeños productores que cultivan su viña y elaboran su propio champagne. Sus botellas tienen historia, y una botella con historia se comparte mejor.
Una idea para tu próxima botella
Cuando la abras, coge un rotulador y escribe en el corcho la fecha y con quién estabas. Dentro de unos años abrirás ese cajón y sabrás exactamente qué noche fue.
Y si te apetece, enséñanoslo: nos encanta ver los corchos que guardáis en Instagram, @guardaelcorcho.
Si quieres tener siempre una excusa a mano, con la suscripción de champagne te llevamos una botella de pequeño productor cada mes. El corcho, como siempre, es tuyo.